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Con la ayuda de mis padres, pudimos alcanzar una educación superior. (Rosa Arambula / The Signpost)

Nací y crecí en Los Ángeles, una ciudad muy diversa llena de gente de todos los ámbitos de la vida. Específicamente crecí en un barrio que era predominante hispana, pero aún así era difícil crecer hispano.

Mis padres son de México, así que mis hermanos y yo somos la primera generación nacidos en los EE.UU. Lo cual significaba que eramos los cobayas de la familia. No teníamos ninguna idea de cómo se hacían las cosas en la escuela. Con el español, nuestro idioma materno, la vida no era fácil.

El Día de acción de gracias se convirtió en un día de fiesta para mi familia en la que nos sentamos alrededor de la mesa y damos gracias por todo lo que tenemos.

El cuatro de Julio, mis padres se dieron cuenta de que esta fiesta fue todo acerca del rojo, blanco y azul. Ellos nos llevan al parque para ver los fuegos artificiales y para mostrar nuestro orgullo americano.

Sin embargo, eso no nos impidió mantener nuestras tradiciones mexicanas. ¿Era realmente navidad si no tenías tus tamales y champurrado? ¿Era realmente una cena familiar si no teníamos nuestras tortillas y arroz en la mesa? ¿Era realmente un viernes por la noche si no vistes una novela con tu abuela? No, no lo era. Al crecer hispana todo estaba lleno de comidas deliciosas, diferentes acentos, y fiestas ruidosas.

Pero no todo fue una fiesta o diversión. Al ser Hispana tenía que interpretar para mis padres porque no podían hablar el inglés o entenderlo. Sus vidas estadounidenses fue el resultado de mi aprendizaje en la escuela a hablar y escribir.

La mayoría de los niños hablan con fluidez debido a que sus padres les han expuesto a este idioma, pero yo estaba construyendo mi vocabulario por medio de la lectura, y luchando con la comprensión. Mis padres y yo estábamos muy integrados con la cultura americana, pero yo tenía que manejar las dos culturas.

Muchos subestiman la cantidad de trabajo que los hispanos hacen para ser parte de este país. Muchos vienen con nada más que la ropa en su espalda y la determinación para crear oportunidades para sí mismos.

Los hispanos (y otros inmigrantes, por supuesto) comienzan con nada y construyen hacia arriba. Aprenden el idioma, se familiarizan con las normas sociales, y dejan el país donde nacieron, solo saben que van a llegar a un nuevo lugar para prosperar y ver a sus hijos lograr grandes cosas.

Así que, gracias mamá y papá. Lo hicieron. Me dieron la mejor vida posible que podía imaginar.

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